¡¡ ABOGADOS SINVERGUENZAS !!

 

APELAN A LA TRAMPA Y LA MENTIRA

APELAN A LA TRAMPA Y A LA MENTIRA

Por Héctor Gómez Kabariq

Todo ciudadano, por muy graves delitos que haya cometido, tiene derecho a una defensa jurídica ante la autoridad que lo acuse.  Y en caso de no poseer los medios propios para procurarse esa defensa, el Estado Colombiano está  en la obligación de facilitársela. Eso es claro y no admite discusiones.

Lo que no está claro es el comportamiento de algunos abogados  que acuden a prácticas tramposas y hasta delictivas. Para éstos, lo importante es buscar la declaratoria de inocencia de su cliente así haya que faltar a la verdad y engañar a todo el mundo.

Por ello, cuando en este país se habla de impunidad y se acusa a los jueces, (que también los hay venales aun cuando en escaso número), es necesario hablar de los abogados sinvergüenzas.

Son aquellos que compran testigos; que con leguleyadas extienden los tiempos hasta lograr la prescripción del caso por vencimiento de términos; que viven buscándole impedimentos a los falladores; que se enferman el día en que se va a producir la condena contra su cliente para ganar tiempos; que apelan alegremente a la siquiatría buscando la declaratoria de “no imputable por demencia”; que antes que defender a su poderdante sindicado se dedican a endilgarle culpas a la víctima, (“la violada tuvo la culpa por usar minifalda”); que intentan atortolar a la contraparte amenazándola con procesos por “falsa denuncia”; que traspasan las propiedades de sus clientes a testaferros para eludir las responsabilidades civiles; que apelando a su amistad con algunos periodistas acuden a los medios de información para filtrar los expedientes y para demeritar a la contraparte; que cuando se trata de procesos de cobro o de indemnización tumban al cliente quedándose con más dinero del pactado; etc.

Las anteriores son algunas de las prácticas más frecuentes en nuestro sistema judicial.  Prácticas que generan impunidad.

De ahí que cada día la gente se sorprenda al constatar que criminales de la peor calaña, que en otro país merecerían las más duras condenas, en el nuestro quedan en libertad en medio del estupor general, gracias a estos abogados.

Por ello todavía en Colombia muchos bandidos afirman abiertamente que no importa la gravedad del delito que cometan por cuanto habrá formas para esquivar la acción de la justicia. “Lo importante es que haya plata para contratar un buen abogado”, dicen.

Y lo peor es que quienes hacen las leyes, (muchos de ellos contratantes de esta clase de defensores), a la hora de reformar los códigos jamás se ocupan de los abogados. Siempre legislan pensando en los autores directos de los delitos. Pero nunca pensando en los sinvergüenzas que defienden a los criminales, empleando la trampa y la falsedad.

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