EL ALCALDE DE BUCARAMANGA QUIERE QUE LO DESTITUYAN PARA DISFRAZAR SU INEPTITUD

SU GOBIERNO NO HA TENIDO NI LÓGICA, NI ÉTICA, NI ESTÉTICA

El alcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández no es bobo ni es bruto. Todo lo contrario, es hábil y astuto.

Por ser así logró hacerse elegir alcalde de la capital de Santander en los comicios de 2015. En esas elecciones intencionalmente hizo promesas a sabiendas de que no podría cumplirlas como la construcción de 20 mil viviendas para familias pobres. “Esa promesa fue para conseguir votos”, reconoció Hernández tiempo después de posesionado como alcalde, al anunciar que no podrá construir ni una sola de esas 20 mil soluciones habitacionales. Pero hizo las promesas con habilidad y astucia para aprovecharse del voto de los destechados y derrotar a sus rivales. Y así ganó por cerca de 5 mil votos de diferencia sobre su rival Carlos Ibáñez.

Esta introducción sirve para registrar lo que está haciendo el alcalde Hernández en estos días, cuando ilícitamente está interviniendo en política electoral.

Primero le dijo a la ciudadanía que aceptara todo lo que ofrecieran los políticos para comprar su voto pero que luego votaran a conciencia. Y posteriormente, con nombre propio, invitó a la gente a no votar por el candidato al Senado de Cambio Radical, Richard Aguilar.

Hernández sabe que lo que está haciendo es violatorio de la ley y sabe que puede ser destituido del cargo de alcalde de Bucaramanga. Él conoce la ley, no es bobo ni es bruto. La ley estipula que quien instigue a cometer un delito, (invitación a vender el voto), y quien siendo empleado del gobierno intervenga en campañas políticas a favor o en contra de algún candidato, (invitar a no votar por un candidato al Senado), puede ser destituido. Eso lo sabe el alcalde.

Lo que está buscando Hernández, con astucia y con habilidad, es precisamente que la Procuraduría lo destituya del cargo para luego expresar a la opinión pública que como ya no es alcalde, no podrá cumplir ninguna de las promesas que hizo como candidato, pero que él sí las iba a llevar a cabo.

Es decir, haciéndose destituir, Hernández busca esconder su ineptitud. Eso es habilidad y astucia. No renuncia por orgullo y porque saldría por la puerta de atrás y además sería una abierta aceptación  de su incompetencia.

Él no necesita el sueldo de alcalde pues es un hombre multimillonario. Quiso ser alcalde para recibir honores y para adjudicar algunos contratos. Por uno de esos contratos, el de aseo, un hijo suyo iba a recibir como comisión ilegal 300 mil millones de pesos, pero no pudo. La Procuraduría impidió la adjudicación de ese contrato.

La mejor manera que tiene Hernández para salir de la alcaldía sin cumplir sus promesas de campaña pero tratando de mantener la frente en alto, es que la Procuraduría lo destituya.  Y una vez destituido dirá que lo sacaron del cargo “los politiqueros corruptos”, (sus palabras favoritas), y que por eso no pudo cumplir las promesas que hizo como candidato.

Como cuando un muchacho de bachillerato va perdiendo el curso y sabe que ya no lo podrá ganar por sus pésimas calificaciones. Le pega una trompada al profesor para que lo boten del colegio y entonces le dice a su familia que si no lo hubieran echado, seguro habría sido el mejor estudiante del plantel.

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