EL CHISME Y LA TACAÑERÍA NOS VOLVIERON PERIODISTAS

 

HECTOR GOMEZ K.

HECTOR GOMEZ K.

Por Héctor Gómez Kabariq

Me ha pedido don Saulo Toledo Plata, director de la prestigiosa revista “Zapatoca”, que le redacte un aporte a la historia de nuestro pueblo.

Don Saulo: eso es “pedirle peras al olmo”. Amén de no ser historiador, a esta edad, con una frágil memoria y con una cabeza buena escasamente para portar sombrero, su pedido es un imposible. Dejémosle esos encargos a los historiadores, que en Zapatoca los hay muy buenos.

Apenas hago parte de un grupo de periodistas que hemos tenido el honor de nacer en este pueblo, entre ellos don Manuel Serrano Blanco, don Jaime Ardila Casamitjana, don Gustavo Serrano, don Pedro Elías Ardila, Alberto Uribe Gómez, Rafael Serrano Prada, Alfonso Pineda Quintero, Euclides Ardila, Jairo Gómez Gómez, Hernando Rueda Hine, Enrique Carlos Cancelado, Arley Durán, Néstor Durán, Ligia Agredo y el propio Saulo Toledo, además, obviamente, de aquellos que todavía hoy laboran en las estaciones de radio y televisión que funcionan en esta tierra. Pido perdón a los paisanos colegas que, involuntariamente, haya podido olvidar.

Algunos en el Salesiano, otros en la Industrial Juan XXIII, en “las Bethlemas”, en la Apostólica o en la Presentación, todos ocupamos pupitre bajo el esplendoroso cielo que cubre a esta hermosa población, cuna además de centenares de monjas y curas que, cual comunicadores, han recorrido el mundo transmitiendo la palabra de Dios. Lo hicimos cuando para ir de Zapatoca a Bucaramanga era obligatorio pasar por San Vicente. No existía la carretera actual que llega a Girón. En aquel entonces eran seis horas sentados en un destartalado bus de madera, “mamando polvo” hasta llegar a la Renta. A veces viajábamos parados para que nos cobraran la mitad del pasaje.

Cuando alguna vez alguien me preguntó de dónde salía la vocación de los nacidos en este pueblo hacia el periodismo, no tuve ninguna pena en decirle que era gracias al chisme y a la tacañería.

Cierto. Gracias al chisme que ancestralmente se ha cultivado en Zapatoca aprendimos a ser comunicativos y nos volvimos periodistas. Y gracias a la tacañería, (virtud que nos acompaña desde la pila bautismal), cuando nos sentamos a escribir entendemos que la noticia debe ser breve y concisa para ahorrar tiempo y papel.

Acá, en Zapatoca, debería funcionar una escuela de periodismo. En medio semestre y sin ir a clases, sus alumnos alcanzarían la maestría.

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