EL CONTRALOR DE BUCARAMANGA ES UN ALCAHUETA

ISAÍ FUENTES GALVÁN

Por Isaí Fuentes Galván

El pasado 12 de mayo, la Auditoría General de la República presentó un informe en el que descalificó la gestión de la Contraloría municipal, en cabeza de Jorge Gómez Villamizar.

Los hallazgos más preocupantes tienen que ver con la caducidad de la facultad sancionatoria en varios procesos por dilaciones e inactividad procesal (Págs. 8 y 175) y las inconsistencias en la rendición de cuentas (Pág. 178). Por esos y otros 29 hallazgos con connotaciones administrativas y disciplinarias, la auditoría decidió “No fenecer” la cuenta presentada por el ente de control para la vigencia 2016, que equivale a descalificar su gestión como deficiente.

La noticia pasaría desapercibida, de no ser porque en el pasado la coalición mayoritaria del Concejo conformada por liberales, Opción Ciudadana y más, eligió a dedo, contra viento y marea, a Gómez Villamizar, a pesar de los fundados cuestionamientos sobre su competencia e imparcialidad para desempeñarse como el guarda de los recursos públicos, pese a haber perdido la prueba de conocimientos y de sus evidentes vínculos políticos y de amistad con algunos de sus investigados.

Hoy, un informe técnico e imparcial de la Auditoría General de la República nos da la razón a quienes nos opusimos con vehemencia a esa designación, hecho que además reviste la mayor gravedad, pues impide que la ciudadanía sepa qué pasó con los recursos públicos durante la administración de ‘Lucho’ Bohórquez.

Lo de Gómez era previsible, no se le pueden pedir Peras al Olmo; para eso lo eligieron, lo extraño es que el Concejo, presidido por el pastor liberal Jaime Andrés Beltrán, que muy acucioso viene cumpliendo su función de citar a debates de control político a gerentes y secretarios de despacho, no haga la propio con el Contralor, y más aún, que guarde sospechoso silencio ante el evidente fracaso del Contralor elegido por ellos.

Los concejales que eligieron a Gómez Villamizar le deben una explicación a la ciudad y un debate de control político a su deficiente gestión; no hacerlo denotaría una especie de complicidad mutua absolutamente inaceptable en un Concejo con 70% de imagen desfavorable.

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