¡ EL DUEÑO DE LA HONESTIDAD !

JUVENAL BOLÍVAR

Por Juvenal Bolívar – Revista Corrillos –

La técnica de tirar la piedra y esconder la mano, no es nueva. Al contrario, ‘la estrategia’ es muy antigua, anterior a la existencia del alcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, solo que éste la perfeccionó.

Del gobierno de la Lógica, Ética y Estética, la opinión pública está equivocada. Los errores cometidos por los últimos 10 alcaldes están reunidos en el mandato del Ingeniero. Es injusto decirlo, pero la premisa de que ‘los pueblos merecen lo que eligen’, se ajusta en este caso.

Los indicadores del gobierno en los casi dos años son altamente favorables para don Rodolfo, si éstos se midieran en abuso de poder, insultos a la oposición, irrespeto a los derechos de los trabajadores y falta de planeación.

Pero “perro viejo late echado”, el alcalde Hernández les da a sus gobernados una buena dosis de pan y circo y eso les gusta. Cada desacierto suyo lo desvía con una payasada pública. Pero sus seguidores creen que es el nuevo mesías, de ahí su alto nivel de favorabilidad.

El Mandatario Local domina como nadie el arte de avivar las masas, de envenenarlas de odio, de generarles pánico, de hacerles creer que los demás son los malos y él es quien tiene la verdad revelada. Para sus fines utiliza como su vergonzosa ‘arma’ la de desacreditar a sus detractores con el único propósito de ocultar su ineficiencia administrativa ¿O cuáles obras ha ejecutado en 24 meses?.

Sus ya decepcionantes equivocaciones lo hacen merecedor al premio “la estafa maestra”. Como candidato anunció con bombos y platillos que iba a entregar ‘20 mil hogares felices’ pero ya no cumplirá con la promesa.

Hernández Suárez es un alcalde sin vergüenza, sin valores humanos y sin palabra. Se hizo elegir ondeando la bandera de la honestidad, pero su discurso demagógico solo intenta cubrir los negocios que desde la Administración persigue para fortalecer su imperio empresarial.

En lo trascurrido de su inoperante gobierno, solo ha respondido a sus intereses personales. Hacer lo que se le da la gana con el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga (amb), inventarse las ‘nuevas tecnologías’ para beneficiar a empresarios cuestionados de Vitalogic, favorecer a sus amigos y a sus familiares con contratos por fuera del límite de la racionalidad del gasto; dejan en entredicho sus buenas intenciones.

Para el Ingeniero todo es culpa de la politiquería, de sus antecesores, de los políticos que se ‘robaron la ciudad’, paradójicamente los mismos que él, desde la empresa privada -para hacerse a predios, permisos, cambios de uso del suelo- patrocinó desde hace más de 25 años.

Y es cierto, Rodolfo conoce los pecados de esos políticos a los que denuncia a diario, tiene certeza de su mal comportamiento, incluso, tiene pruebas de sus supuestas fechorías. No es para menos, él participó en la repartición. Solo que ahora pretende no compartirles el ‘premio gordo’.

Pero no todo es culpa del alcalde, tampoco de sus secretarios a los que insulta e irrespeta a diario, ni de su bufón personal Jorge Figueroa Clausen. Hernández tiene a su merced –casi como su oficina de prensa personal- a los principales medios de comunicación de la ciudad. Y cuando estos son insuficientes, le gira su ‘cariñito’ a uno que otro director de medio nacional, para que lo ‘pinten’ como héroe de Bucaramanga.

Nunca antes se habían denunciado tantos y tan lamentables hechos irregulares en Bucaramanga, como los que se han dado alrededor de la Administración de la Lógica, Ética y Estética, pero los entes de control parecen no tener interés en definir responsabilidades. Y mientras tanto Hernández se ufana que no le va a pasar nada, como si existiera un oscuro arreglo.

Las cosas para Bucaramanga no son optimistas, igual como sube la favorabilidad del alcalde, también suben los índices de delincuencia, informalidad, piratería y falta de oportunidades para reactivar la economía. No se vislumbra una verdadera inversión social, que beneficie las comunidades más vulnerables y que le permita a la ciudad volver a ver su desarrollo.

Pese a todo lo anterior, tenemos al alcalde con la mejor imagen del país. Al menos eso tenemos.

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