EN BUCARAMANGA EL GOBIERNO VENDIÓ UNA CALLE Y NO PASÓ NADA

PANORÁMICA DE BUCARAMANGA

PANORÁMICA DE BUCARAMANGA

Por Héctor Gómez Kabariq

En Bucaramanga han sucedido tantas y tantas cosas “torcidas” que contar una más  podría parecer inútil e inane.  Pero, aun cuando así sea, alguien debe recordar estos episodios al menos para evitar su repetición.

Hoy vamos a contar cómo se vendió una calle, una vía pública, y, como siempre, no pasó nada.

LA HISTORIA

Alguien aconsejó al importante empresario santandereano Carlos Ardila Lulle que adquiriera dos lotes de terreno comprendidos entre las calles 45 y 47 y entre carreras 16 y 17 con el propósito de que construyera allí un centro comercial.  Y efectivamente, Ardila compró los terrenos.  Lo único que no pudo negociar fueron el ancianato San Antonio y la capilla del mismo nombre que quedaban dentro del predio sobre la calle 45 donde aún se mantienen.  La comunidad religiosa que los regenta no los quiso vender.

Pero había una muela que inquietaba a los encargados de hacer la adquisición.  En la parte posterior del ancianato, había una vía pública que partía ese lote. Era la calle 46 entre carreras 16 y 17 en la cual existían unas quince viviendas a lado y lado de la vía. Ya habían comprado los lotes y las viviendas, pero quedaba en medio la vía pública.  Era una franja de unos 80 metros de largo por unos 10 metros de ancho, por la cual hasta transitaban varios rutas de buses urbanos en sentido oriente-occidente para pasar de la carrera 17 a la 16.

Quedaban entonces dos alternativas : o se hacía un puente que uniera las dos manzanas del proyectado centro comercial para que ese tramo lo siguiera usando toda la ciudadanía como vía pública, o se compraba la calle.

Los asesores de Ardila optaron por esta última.

EL ASILO Y LA CAPILLA DE SAN ANTONIO QUEDARON POR FUERA DEL NEGOCIO

EL ASILO Y LA CAPILLA DE SAN ANTONIO QUEDARON POR FUERA DEL NEGOCIO

Pero… cómo comprar una calle, un bien de uso público, una vía vehicular, si eso lo prohibían la Constitución y las leyes ?.

Entonces alguien recordó que “tocar no es entrar” y bajo esa premisa le plantearon a la Alcaldía de Bucaramanga la opción de comprar la calle. Era Alcalde don Roberto Cadena Arenas y era Presidente del Concejo Municipal don Gustavo Cote Uribe.  Ambos, personas muy prestantes y muy honestas, pero con algunas flaquezas en cuanto al conocimiento del ordenamiento legal sobre ese caso específico, a pesar de que el primero de ellos era abogado.

El Alcalde aceptó la propuesta y presentó el respectivo proyecto de Acuerdo al Concejo pidiendo autorización para enajenar esa calle. El Concejo aprobó el Acuerdo sin que ninguno de los concejales objetara algo.

La norma, (que debe reposar aún en los archivos de la Alcaldía), quedó entonces legalizada con las firmas del Alcalde Cadena Arenas y del Presidente del Concejo Cote Uribe.

El valor de la transacción fue de 8 millones de pesos que efectivamente entraron a las arcas de la Alcaldía.

Quedó todo “dentro de la ley”, a pesar de haberse violado la Constitución y la ley.

En Colombia ninguna autoridad puede vender un bien de uso público, de uso de toda la ciudadanía, mucho menos una vía vehicular.

LO QUE ERA UNA CALLE, HOY HACE PARTE DEL "ÉXITO"

EL ALMACÉN “ÉXITO” QUE HOY EXISTE EN ESE SECTOR

CAMBIO DE DUEÑOS

El lote, que en total debe constar de un poco más de dos hectáreas, fue encerrado y usado durante algunos años por la Organización Ardila Lulle como bodega de la planta de gaseosas Postobón que quedaba por aquella época en el sector nororiental de la ciudad, junto a las instalaciones de la Quinta Brigada del Ejército.

Pasados varios años, otros asesores de Carlos Ardila Lulle consideraron que el negocio del centro comercial no era muy atractivo y decidieron vender el terreno.

El predio fue adquirido finalmente por la cadena de almacenes Éxito que construyó el imponente centro comercial que allí todavía existe.

Por cierto que cuando se iba a iniciar esta construcción,  el alcalde de la época Iván Moreno Rojas rebajó varios impuestos a la cadena Éxito bajo la condición de que se generara empleo para los bumangueses, cosa que no sucedió. El personal de la obra y hasta los materiales de construcción, fueron traídos desde Medellín a Bucaramanga.

Así fue el negocio.

En Bucaramanga se vendió una vía pública y nadie dijo nada.  El autor de esta nota fue testigo directo del negocio.

Ya tendremos ocasión de seguir recordando otras “perlas” de la historia reciente de nuestra querida capital de Santander y de todo el departamento.

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