EN SANTANDER LOS AVICULTORES PROGRESAN PERO SUS VECINOS LOS MALDICEN

RÍO CONTAMINADO POR LOS DESECHOS DE LOS GALPONES

RÍO CONTAMINADO POR LOS DESECHOS DE LOS GALPONES

Mientras con una mano Juan Martín Beltrán le pone énfasis a la historia que cuenta sobre su vida como pensionado, con la otra intenta alejar las moscas que le rondan. Hace seis años, cuando lo jubilaron, cansado del ruido y la contaminación de la ciudad, sintió “mal de tierra” y compró un terreno para volver a su pueblo natal.

El primer año fue maravilloso, en una casa campestre con vista a los paisajes verdes, pero a partir del segundo empezaron a llegarle olores fétidos y moscas, provenientes de una finca vecina a su parcela que, según los pobladores de la región, genera contaminación por los desechos que producen las miles de  gallinas y pollos que alberga en sus galpones.

“Ya no puedo abrir las ventanas porque la casa se llena de moscas”, dice Juan Martín, mientras muestra un grupo de ellas que revolotean contra el vidrio. Asegura que ha alcanzado a matar hasta 50 en un corto rato.

Dos hermanas que viven pasando una quebrada cercana a los galpones, aseguran que hasta los cuartos de su casa se entran los malos olores. Ambas solían bañarse en la quebrada, pero dicen que un día terminaron llenas de brotes por una alergia producida por el agua. “Ya no la usamos porque nos da miedo y en tiempo de lluvias se ve llegar la corriente con espuma blanca”, dicen.

A eso se suma el problema de sus pocas vacas, que ahora viven repletas de garrapatas. Por eso, desde hace algún tiempo tienen que ponerles una inyección y bañarlas constantemente, porque les da fiebre.

ERA UNA CAUDALOSA CORRIENTE PERO UN AVICULTOR SE APODERÓ DE SUS AGUAS

ERA UNA CAUDALOSA CORRIENTE PERO UN AVICULTOR SE APODERÓ DE SUS AGUAS

A sus quejas se une Albino Martínez, quien ya intentó vender su terreno, pero con los malos olores no ha conseguido comprador. Ahora hasta le queda difícil mantener un administrador porque pocos trabajadores se aguantan los olores que llegan a su finca.

Otros habitantes comparten su situación; como Leonardo Sánchez, quien vio morir, con hongos en las espaldas, a las 500 mojarras que tenía para comercializar. “Se me murieron porque contaminaron el agua. La gallinaza llega con la corriente como una mazamorra espesa”, dice.

Estos reclamos no son nuevos. Varios habitantes vienen alertando de la situación desde hace un par de lustros cuando empezó la expansión de los galpones en esta zona.

Y a lo anterior se suma una queja general de los pobladores : el agua que les llegaba a sus casas ha disminuido. Claro, los dueños de los galpones, con autorización o sin ella, se han venido apoderando de las corrientes de agua para alimentar sus gallinas y sus pollos.

El problema es el mismo en varias poblaciones de Santander, entre ellas Los Santos, Lebrija, Curití, Girón, Rionegro y Zapatoca.

La gente teme denunciar debido al poder y a la influencia que ejercen los empresarios de la avicultura, quienes se escudan con el cuento de que “están generando empleo para los habitantes de la región”. (La avicultura es la industria que menos empleo genera en número y en calidad).

Habrá alguna autoridad que defienda a las víctimas de los galpones ?.

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