¡ ESTO SÍ ES VIDA…!

HÉCTOR GÓMEZ KABARIQ

Por Héctor Gómez Kabariq

Algunos colegas periodistas, políticos y contertulios de café de Bucaramanga, me indagan con frecuencia sobre lo que se puede hacer en Zapatoca, (donde resido hace más de tres años), durante un fin de semana, una época festiva o un día cualquiera.

Hay quienes creen que solo en las selvas de cemento existen sitios de recreación, de ocio, de aventura y de esparcimiento. Todo lo contrario. En mi pueblo es donde más los hay.

Ir al Mirador Guane, a diez minutos del casco urbano, desde donde se pueden divisar bajo la luz de la luna y al calor de un traguito, otros siete municipios. Recorrer con un buen guía la Cueva del Nitro, con sus historias y piedras talladas por el paso de millones de años, localizada a cinco minutos del pueblo. Disfrutar de un “paseo de olla” en el Pozo del Ahogado, en la Fuente, en las Cascadas de la Lajita o ir de pesca al Sogamoso.

Conocer el Museo de Don Quijote, en la zona urbana, donde su creador Rodrigo Espíndola ha logrado diseñar y elaborar decenas de esculturas del ilustre manchego, trasladadas a la vida moderna. Ni siquiera en España existe un lugar tan singular y tan atractivo.

Visitar el Camposanto donde reposan los restos de históricos personajes como Geo Von Lengerke, el aventurero alemán que en el Siglo XIX revolucionó el comercio regional y trazó los famosos caminos de piedra de Santander. Admirar la Iglesia de San Joaquín y la Capilla de Santa Bárbara, hermosos lugares de recogimiento y adoración que simbolizan la vocación levítica de los zapatocas.

Recorrer las rectas y amplias calles del municipio apreciando sus viejas casonas con portales adornados con materas y con acuarelas pintadas en sus medidores de energía. Tomar un par de días de descanso y de agradables tratamientos de desintoxicación y relajación en el bello paraje Sindamanoy del médico Pedro Rodríguez.

Degustar los añejos vinos que acá se destilan; la exquisita pizza de Veneto donde el cordial amigo Nacho, el paisa; un tintico o un chico de billar; artesanías, bordados, dulces, pan, guarapito, cabro, carne oreada y hallar en la casa de mercado lo mejor que da la tierra.

Sentir el muy agradable clima de seda. Estar en el pueblo más tranquilo y más seguro del país, con los mejores servicios de energía, internet, televisión, acueducto, aseo y gas domiciliario, con excelentes hoteles, cabañas y restaurantes, y apenas a 90 minutos de Bucaramanga.

Eso y mucho más. Acá es donde uno corrobora que en las ciudades apenas se sobrevive. Lo de Zapatoca sí es vida.

——–