HISTORIA DEL CUIDADO INTENSIVO (COLUMNA DE JAIME FORERO GÓMEZ)

JAIME FORERO GÓMEZ

Por Jaime Forero Gómez

Edmundo Gavassa acaba de publicar un libro magnífico dedicado a la medicina en el departamento. Los que han tenido oportunidad de leerlo preguntan sobre la historia del cuidado intensivo en la región y por qué no se trató.

Hablar de historia de atención del paciente grave obliga nuevamente a mencionar al Dr Christian Pinto Parra, uno de los mejores directores en la historia del Hospital Universitario (HUS), cuando ser director era uno de los mayores honores en la vida de un médico. Su visión lo llevó a construir en los años 80 la primera unidad de cuidado intensivo de adultos en todo el oriente colombiano. Con el dr Alonso Merchán, famoso cardiólogo de Bogotá, tuvimos el honor de ser los primeros médicos en hacer turnos en la unidad; luego regresa al país el dr Henry Castillo como coordinador.

Años después, a finales de la década de los 80, por azares del destino nos encontramos en Bogotá al dr Eduardo Valdivieso y Fernando Barco, directores en esa época proponiéndonos ir a Bucaramanga a poner en funcionamiento la primera unidad de cuidado intensivo pediátrico en Colombia localizada en el HUS, proyecto respaldado por el Dr Rodolfo González García quien aporta el dinero con el cual se construye el servicio en el cuarto piso del HUS.

El diseño y construcción costaron $5 millones; hoy puede estar sin equipos en alrededor de los $2.000 millones. Al mismo tiempo aparece en la historia la señora Dayanne Marsh, quien junto con el Dr Mauricio Duarte consiguen una donación en incubadoras de transporte y bombas de infusión dando inicio al servicio sin equipos ni recursos sino voluntad y compromiso hacia la niñez santandereana.

Vale la pena mencionar a los drs Luis Alfonso Díaz, Cecilia Mattos y Jackeline Gómez junto con la enfermera Martha Sánchez con quienes se trabajaba incondicionalmente. A partir de ese instante se pudo operar niños complejos, manejar prematuros extremos, solucionar malformaciones graves, cardiopatías congénitas y muchos otros padecimientos que obligaban a trasladar a Bogotá. Esto ayudó a disminuir la mortalidad infantil.

(Este contenido ha sido publicado originalmente en Vanguardia.com)

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