“JUEPUTA NOS VAMOS A MATAR” (HISTORIA REAL)

El siguiente relato obedece a un hecho real, vivido por el autor.

EL VUELO PARTIÓ DEL AEROPUERTO PALONEGRO DE BUCARAMANGA

EL VUELO PARTIÓ DEL AEROPUERTO PALONEGRO DE BUCARAMANGA

Por Héctor Gómez Kabariq

Finalizaba el Siglo XX.

Por aquel entonces, (1.999 si mi frágil memoria no falla), yo dirigía un programa de televisión institucional de la Asamblea de Diputados de Santander, Colombia, en el Canal Regional TRO bajo el nombre de “Santander en 7 Días”.

Era un espacio semanal de 30 minutos que se emitía los jueves a las 7 de la noche con noticias y entrevistas sobre lo que acontecía en la Asamblea Departamental, las ordenanzas, los debates y el proselitismo, al igual que crónicas sobre la cultura, la historia, el folclor y el turismo regional.

Además de cubrir las sesiones de la Asamblea, cada semana íbamos a un pueblo diferente a captar sus vivencias, sus penas, sus personajes y sus alegrías.

Pasaron por él varias presentadoras, reporteros y camarógrafos, con la producción a cargo de la Programadora CJ – PTV de Carlos Julio Castellanos, César Heredia, Graciliano Jiménez y Oscar Fonseca.

En la realización de ese programa tuvimos ocasión de tratar con buenos amigos como el entonces Gobernador Miguel Arenas Prada y los diputados Nacho Vega, Luis Alberto Quintero, Elisa de Rueda, Angel Alirio Moreno, Hugo Aguilar Naranjo, Félix Eduardo Otálora, Darío Vásquez Rocha y Lucho Bohórquez Pedraza entre otros.  También conocimos elementos de ingrata recordación como el diputado José Domingo Cortés Torres, “el gamonal de vereda”.

RUMBO A MÁLAGA

Un viernes, el Presidente de la Asamblea Otálora Soler dispuso que viajáramos al día siguiente al municipio de Málaga, capital de la Provincia de García Rovira, donde algunos de sus amigos le iban a ofrecer un homenaje político en las instalaciones del Club del Comercio ubicado frente al parque principal del pueblo.

LA AERONAVE ERA IGUAL A LA QUE APARECE EN ESTA GRÁFICA

LA AERONAVE ERA IGUAL A LA QUE APARECE EN ESTA GRÁFICA

A las 8 de la mañana del sábado nos encontramos en el Aeropuerto Palonegro de Bucaramanga, el Presidente Félix Eduardo Otálora, el camarógrafo David Valenzuela (mi querido amigo “picapica”), la presentadora del programa que a su vez era la jefe de prensa de la Asamblea, el alcalde de uno de los municipios de García Rovira, (le decían “mocho” porque le faltaba un brazo), el piloto y yo.  También hicieron parte del viaje como pasajeros, un “lagarto” que hoy es Concejal de Bucaramanga, una maestra de escuela y un visitador médico. Abordamos una avioneta de dos motores de fabricación alemana.

El piloto, hombre corpulento de bigote poblado, encendió los motores, la nave tomó pista y alzamos vuelo.

Debíamos aterrizar en Málaga media hora más tarde. Diez o quince minutos después de iniciado el vuelo sobrevolábamos el imponente Cañón del Chicamocha en medio de un abrasador sol y bajo un cielo totalmente despejado.

Otálora revisaba el discurso que habría de leer para responder el homenaje, Valenzuela hacía una que otra toma de apoyo y yo me deleitaba con el paisaje.  Nadie hablaba porque el ruido de los dos motores no lo permitía.

“NOS MATAMOS”

Un ruido externo a manera de pequeña explosión llamó mi atención y entonces clavé la mirada en una de las alas del aparato.

Ahí empezó el drama.

Vi cómo uno de los motores despedía candela viva. En pocos segundos el ala derecha de la nave estaba totalmente envuelta en llamas.  Al lado mío…   ¡¡¡Dios mío!!!…

LAS MONTAÑAS ROCOSAS DEL CAÑÓN DEL CHICAMOCHA NOS ESPERABAN

LAS MONTAÑAS ROCOSAS DEL CAÑÓN DEL CHICAMOCHA NOS ESPERABAN

“Mierda esta vaina se está incendiando”, fue lo único que atiné a gritar mientras golpeaba a puñetazos la mirilla que nos separaba del compartimento del piloto.

Segundo a segundo fueron aumentando la confusión y el pánico y rápidamente pasamos de los gritos, del estupor y del miedo, al terror y al desespero.

Instante a instante la avioneta perdía altura mientras el ala seguía envuelta en llamas.  Íbamos veloces rumbo al suelo.

“Virgen Santísima”… “Dios mío protégenos”… “Claudia la quiero  mucho”… “Cojámonos de las manos”… “Jueputa nos vamos a matar”… “Picapica grabe”… “Marica nos vamos a estrellar”… “Miren cómo baja esta guevonada”… “Félix Eduardo nos matamos”…

Cuando estábamos a pocos metros de estrellarnos contra las rocas del cañón, sorpresivamente el aparato frenó la caída y las llamas desaparecieron.

No supimos cómo y todavía hoy, 15 años después, no nos lo explicamos. En un solo segundo el fuego se extinguió, la avioneta paró su descenso y el piloto pudo iniciar el proceso de estabilización y recuperación de altura. Habían transcurrido tal vez dos minutos desde cuando apareció el fuego.

El ala quedó achicharrada, negra.

Con un solo motor, poco a poco recobramos altura, pasamos rasando unos cuantos metros sobre lo que hoy es el Parque Nacional del Chicamocha y nos enrumbamos de regreso al Aeropuerto Palonegro de Bucaramanga.

Allí aterrizamos y en mitad de la pista un carro de bomberos envolvió el aparato con una espuma blanca contraincendios.

Nos habíamos salvado. ¡¡¡Gracias a Dios!!!.

ATORTOLADOS PERO FELICES REGRESAMOS A BUCARAMANGA

ATORTOLADOS PERO FELICES REGRESAMOS A BUCARAMANGA

“TIENEN CORAJE”

Eran las 9 de la mañana de aquel sábado cuando estábamos otra vez en el terminal de pasajeros de Palonegro.  Félix Eduardo, con una osadía revestida de irresponsabilidad, dijo que de todas maneras había que ir a Málaga.  “No podemos dejar plantada a la gente del homenaje” dijo.

El piloto indicó que como la avioneta había quedado inutilizada, había que esperar la llegada de un aparato similar que venía procedente de Arauca.

Mientras tanto, apurando una garrafa de aguardiente, nos dedicamos a rezar y a conceder declaraciones a los colegas de Caracol y RCN que rápidamente habían ido al terminal aéreo a cubrir la noticia.

Y hasta nos hicimos bromas.  “La maestra se orinó del susto”… “Claudita deje de llorar”… “el visitador dice que no vuelve a viajar”… “el mocho ahora también es mudo”… “menos mal que nos cogió confesados”… “eso nos pasa por andar con políticos”… “el lagarto todavía se toca”…

El piloto, preocupado por la imagen de su empresa, decía: “Quién sabe cuál H.P. le avisó a los periodistas para que vinieran a hacer escándalo”.

A las 11 de la mañana volvimos a la pista, abordamos otra avioneta y partimos de nuevo hacia Málaga.

Ese día supe que mi muerte no habrá de ser en un accidente de aviación.

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