LA JEP PODRÍA CONVERTIRSE EN OTRO “CARTEL DE LA TOGA” (POR CARLOS ALFARO FONSECA)

CARLOS ALFARO FONSECA

Por: Carlos Alfaro Fonseca

La Justicia Especial para la Paz –JEP- despierta odios y amores y por eso tiene adeptos y detractores, pero unos y otros coinciden en que lo bueno o malo que pase en ella dependerá en buena medida de los jueces que la ejecuten.

Tienen que ser solventes, transparentes y dar confianza a las partes y a la sociedad, dado que aplicará no solo sanciones retributivas, sino también restaurativas y reparadoras a los responsables de delitos cometidos con ocasión del conflicto. Cuenta con autonomía administrativa y administrará justicia de manera transitoria, aun cuando su funcionamiento podría prolongarse por 15 años, y de manera preferente conocerá conductas graves ocurridas antes del 1 de diciembre de 2016, con ocasión o causa del conflicto armado interno.

Tendrá en sus manos la administración de la justicia de manera transitoria y autónoma, impondrá las sanciones que correspondan a las conductas consideradas graves según el derecho internacional humanitario, o graves violaciones de los derechos humanos y otorgará el beneficio de amnistía o indulto a quienes sean señalados por delitos políticos o conexos.

Las sentencias de este tribunal para la paz pasarán a cosa juzgada y se garantizará su inmutabilidad; es decir, sus decisiones no tendrán otra instancia porque es órgano de cierre.

Pero ya comenzó la manida costumbre de los funcionarios públicos de este país de robarse todo a punta de contratos y mentiras. Esa JEP, como pintan las cosas, es más corrupta que los del cartel de la toga. No solo existe un choque de trenes sino de ego y por supuesto, lo más importante, de poder y manejo de los recursos.

Estamos ante una corrupción rampante, feria de impunidad, vanidades ambiciones, poder, supersueldos y contratos. Lo que mal comienza mal acaba. Los mismos juristas de la JEP se encargaron de arrancar sin ninguna credibilidad y ya culparán a quien quieran, pero nadie les va a creer.

El cartel de la toga amplió su jurisdicción y estos magistrados vienen a administrar caprichosamente la justicia y a influir políticamente en los destinos de la nación, exonerando a delincuentes y acusando a distraídos. Aberrante que los peores delincuentes tengan su propio sistema de justicia, sus propias fuerzas armadas, y sus propios legisladores.

¿Qué más se puede esperar de una justicia hecha a la medida de la izquierda donde los jueces se enfrascan en una pelea de poder no político, pero sí monetario evidenciando la rapiña con la que se quieren apropiar estos cafres ?. Cómo será un gobierno izquierdista?

Su falta de transparencia refleja la esencia del colombiano politiquero y avivato.  Es el común del medio colombiano ante la pobre conceptualización de la JEP, la pésima selección de candidatos y la terrible mediocridad y corrupción que han contaminado al sector jurídico.

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