¡¡ LA LETRA CON SANGRE ENTRA !!

UN GUERRILLERO, MANUEL HERNÁNDEZ TORRES, EL COMANDANTE “JOSÉ”, RAFAEL SERRANO PRADA, JAIRO SARAVIA HERNÁNDEZ Y HÉCTOR GÓMEZ KABARIQ, EN UNO DE LOS CAMPAMENTOS DE LAS FARC

Por Héctor Gómez Kabariq

¡Cómo cambian los tiempos!

Si la siguiente nota la hubiésemos publicado hace unos 20 años, varios periodistas estaríamos presos o bajo tierra. La primera opción por cuenta de algún juez militar y la segunda a cargo de los “señores de las motosierras”.

LA HISTORIA

Estábamos a finales de los años setenta cuando cuatro periodistas santandereanos que en ese momento gozábamos de los más altos niveles de audiencia y credibilidad fuimos a parar a un campamento de las guerrillas de las FARC en zona selvática del Magdalena Medio, entre San Vicente de Chucurí y Barrancabermeja.

Eran las 6 de la mañana cuando los periodistas Rafael Serrano Prada, Jairo Saravia Hernández (QEPD), Manuel Hernández Torres y el autor de esta nota, llegamos a uno de los campamentos del frente XII de las FARC que era comandado por un hombre conocido con el alias de “José”.

Seis horas antes habíamos sido abordados en Bucaramanga de forma independiente. Nunca supe en dónde estaban Rafael, Jairo y Manuel en ese momento ni conocí cómo quedaron en poder de los guerrilleros que habían enviado a la ciudad por nosotros. Yo estaba en una cervecería de Cabecera Primera Etapa acompañado de una joven que a la segunda cerveza sacó una pistola y “me pidió” que abandonáramos el lugar. Previamente me había dejado seducir por su invitación a compartir un rato en ese sitio. La había conocido un día antes cuando estuvo en la emisora como portadora de un boletín de asuntos comunales.

Salimos de la cervecería y en la carrera 33 con calle 52 a las 12 de la noche nos recogió un campero a bordo del cual ya venían Rafael, Jairo y Manuel al lado de unos 3 guerrilleros de civil.

En ese vehículo tomamos la vía hacia Barrancabermeja. Kilómetros adelante del puente Sogamoso el campero se internó por un ramal durante unas 3 horas. Cuando no hubo más carretera, el carro fue abandonado y seguimos a pie casi más de 2 horas, todavía en medio de la oscuridad.  Al bajar del campero, nuestros acompañantes, además de suministrarnos zapatos tenis para la caminada, sacaron de debajo de los asientos dos fusiles, una ametralladora y un par de pistolas.

DE CIVIL LOS PERIODISTAS HÉCTOR GÓMEZ, RAFAEL SERRANO Y JAIRO SARAVIA CON MIEMBROS DEL ESTADO MAYOR DEL FRENTE XII DE LAS FARC.

BRANDY Y DESAYUNO

Una vez en los campamentos de los alzados en armas, “José” nos recibió con varios tragos de brandy importado y estampillado y una guerrillera sirvió un buen desayuno. Había unos 50 insurgentes uniformados y bien armados, algunos cubriendo sus caras con pañuelos tricolores. Éstos últimos eran los del llamado “Estado Mayor del Frente”. También se hallaba un hombre de unos 50 años vestido de civil, a cuyo lado permanecían dos subversivos. Después supimos que era un secuestrado.

En las siguientes 48 horas “José” se dedicó a conversar por separado con cada uno de nosotros; sus hombres hicieron varias demostraciones del arte de la guerra; nos permitieron entrevistar y fotografiar a algunos mandos del Frente; nos hicieron escuchar mensajes vía radio que les llegaban desde el Estado Mayor de las FARC; en largas charlas expusieron las razones de su lucha; analizaron actuaciones del gobierno de turno y de numerosos líderes políticos; hablaron de sus intenciones de buscar la paz con el establecimiento; y soportamos horas y horas de música vallenata que salía del radio portátil de una guerrillera.

La comida fue buena, no hubo mal trato ni amenazas, dormimos en hamacas, nos bañamos en un río cercano y nosotros poco hablamos. Eran ellos los que hablaban. Nosotros a veces tomábamos apuntes y a veces grabábamos. Las fotografías las tomaba Manuel con una cámara que tenían los guerrilleros. Era de las antiguas con rollo.

“UNO DE USTEDES ES UN INFILTRADO”

“José” intentó más de una vez en sus conversaciones por separado con cada uno de nosotros bajo una carpa, que el uno hablara mal del otro. Él creía que uno de nosotros era un infiltrado del Ejército en el periodismo y quería “descubrirlo”. Al final aceptó que sus temores eran falsos y entendió que solo éramos periodistas. Rafael era el director de Todelar, Jairo era el corresponsal de El Tiempo, Manuel estaba en Caracol y yo dirigía RCN.

Cuando estábamos en la segunda noche tomaron la decisión de “devolvernos” a la ciudad. Por una vía distinta a la del arribo, caminamos un par de horas hasta llegar a una maltrecha casa campesina en donde fuimos separados. Dos vehículos nos recogieron cuando salían los primeros rayos del día. A mí me dejaron en las afueras de Bucaramanga cerca a la Puerta del Sol. Una semana después todavía tenía las huellas de los zancudos y de otros bichos de la selva.

Día tras día, en varias entregas y cada uno en su medio, publicamos lo que había que publicar sobre la experiencia y sobre las declaraciones de los guerrilleros. Fuimos leales con la verdad, tal como era y siempre ha sido nuestro compromiso con el periodismo. Por razones de seguridad y porque no eran datos de interés para el público, mantuvimos en reserva la forma como se produjo nuestro traslado a la selva, la ubicación de los campamentos y la identidad de los insurgentes.

UN ALMUERZO CON CULILLO

Un tiempo después recibí una llamada en mi oficina de alguien que me invitaba a un almuerzo con “José” en Bucaramanga. Yo acepté. El almuerzo fue en el restaurante Corcovado por la vía a Pamplona.

A PESAR DE QUE NO ESTÁBAMOS SECUESTRADOS, LA VIGILANCIA ERA CONSTANTE

“José” había venido con su mujer a la ciudad y quería conversar. Ella había dado a luz en esos días a un hijo en una de las clínicas locales.

Cuando estábamos almorzando llegó al restaurante una patrulla de la Quinta Brigada del Ejército. Creí que se iba a armar una balacera entre los militares y los escoltas de “José”, pero segundos después comprendí que se trataba de una cruel casualidad. Un coronel del ejército había resuelto almorzar ese día con su novia en el mismo restaurante. La pareja estaba acompañada de unos diez escoltas.

Terminamos de almorzar con mucho culillo y luego cada uno cogió por su lado.

HUBO LIBRO

Rafael publicó un pequeño libro relatando la experiencia, libro que tuvo eco y acogida entre miles de lectores. Era la primera vez en Colombia que unos periodistas habían estado en campamentos de las FARC.

Meses más tarde los mismos cuatro periodistas acompañamos a otro lugar selvático del Magdalena Medio al entonces Gobernador de Santander Rafael Moreno Peñaranda y al entonces Congresista Feisal Mustafá Barbosa a un encuentro secreto con los comandantes de dos de los frentes de las FARC que operaban en Santander por aquella época. Fue el primer encuentro directo que hubo en Colombia entre gobernantes, políticos y guerrilleros. Y también tiempos después pero por equivocación, el autor de esta nota fue secuestrado una vez por las FARC y otra por el ELN.  Pero esas son otras historias que tal vez algún verán la luz. Hoy todavía existen temores.

Si el libro que escribió Rafael tras nuestra “visita” al frente XII de las FARC hubiese aparecido a finales del Siglo XX o a comienzos del Siglo XXI cuando se desató una cacería de brujas contra todos los que se acercaran a la guerrilla, algún juez militar nos hubiese mandado a la cárcel. O algún grupo de “los señores de las motosierras” hubiese dado cuenta de nosotros.

Hoy, cuando las FARC han optado por el camino de la paz, es otro cuento.

Algo ha empezado a cambiar en Colombia. Si por aquel entonces los gobiernos de turno hubiesen enfrentado de verdad la posibilidad de un acuerdo real con la guerrilla, el país se habría ahorrado miles y miles de muertos.

Pero parece que Colombia hubiese resuelto aplicar, tal como nos decían antiguamente en la escuela pública primaria, el refrán de que “la letra con sangre entra”.

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