¿ PERDONAR A TIMOCHENKO ?

ANGEL ALIRIO MORENO MATEUS

Por Angel Alirio Moreno Mateus

Lo que sucedió con Timochenko, refleja la realidad del resultado de los acuerdos suscritos entre el Gobierno Nacional y las FARC para darle fin a la confrontación armada de más de 50 años entre el Estado colombiano y la guerrilla más antigua del mundo.

“Con insultos, gritos y arengas los armenios recibieron al candidato de las Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común, Farc, Timochenco en la capital del Quindío”.

“Timo recorrió la carrera 14 de Armenia y no hubo ciudadano que no lo insultara, varias personas se enfrentaron verbalmente con seguidores de la campaña, incluso hasta rasgaron varias banderas. Sin embargo, el momento más tenso se vivió a las afueras de una emisora local, hasta donde llegó la multitud con piedras, palos y hasta huevos; varios vehículos terminaron pinchados, y con gases lacrimógenos, el Esmad de la Policía tuvo que dispersar a los ciudadanos enardecidos”.

Es la transcripción cruda de la narración hecha por Caracol Radio sobre la situación vivida.

La absurda convocatoria a un plebiscito que no pretendía refrendar los acuerdos, puesto que no era el mecanismo constitucional de refrendación; los falsos argumentos expuestos por quienes promovieron el voto por el SI, como aquel que, si ganaba el NO, nos iríamos a la guerra y se desbarataría lo acordado, involucraron a la sociedad colombiana en una polarización cuyas consecuencias aún no se conocen.

El pueblo colombiano terminó asimilando como verdad que lo engañaron y que el único beneficiado con tales acuerdos fueron las FARC; a tal punto que muchos ciudadanos, la mayoría consideran, que el Presidente Juan Manuel Santos, “se bajó los pantalones” ante los “bandidos” de las FARC.  Al Presidente Santos, le faltó estrategia, no fue capaz de socializar nada de lo que estaba sucediendo y la arrogancia del frasco de mermelada, junto a la desfachatez de sus consumidores que desde el poder legislativo actuaban como áulicos, nos dejaron de herencia un nuevo régimen constitucional y legal de participación política que la ciudadanía se niega a aceptar. Es decir, que el poder público en Colombia está en altísimo riesgo de dejar de ser soberano.

Colombia es un Estado fallido y si su poder público deja de ser soberano, la anarquía y el caos sobrevendrán.

La crisis de la administración de justicia, los escándalos de corrupción del poder legislativo y las dudas sobre el origen los dineros de la campaña presidencial ponen al país en incertidumbre. Legalmente Timochenco está habilitado para participar en política y en las elecciones, pero la sociedad no lo acepta. Hay desobediencia civil al ordenamiento y por más que el Estado le haya concedido la amnistía y el indulto, la ciudadanía, el pueblo donde reside la soberanía, no le ha otorgado el perdón.

El Presidente Santos pareciera acostarse rogando que amanezca en 7 de agosto. Sin embargo, la realidad lo acosa.

Unas elecciones legislativas extrañas, con unas clientelas ansiosas por recaudar algo de la mermelada y una oposición sin proyecto político que atraiga masivamente para legitimar la transformación, más una ciudadanía en desobediencia, le atormentan el Premio Nobel de Paz que pareciera arrebatárselo la otra guerrilla, la del ELN cuyos procesos se está quedando en veremos pues sus integrantes miran por el retrovisor lo que le está sucediendo a Timo.

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