¿ QUÉ HACEMOS CON DOÑA CARMEN ?

HÉCTOR GÓMEZ KABARIQ

Por Héctor Gómez Kabariq

Esta historia es real, ocurre en Santander, la conozco de cerca y la he comprobado, pero cambio los nombres para que no maten a los sobrevivientes.

Doña Carmen es una mujer viuda que vivía con sus tres hijos, (dos mujeres y un varón), en una finca localizada bastante lejos de la zona urbana de su municipio. Hace años llegaron a su predio hombres armados que dijeron ser de las FARC y la forzaron a darles posada y comida durante un par de días. Semanas después de haberse ido estos hombres, llegaron otros armados que dijeron ser paramilitares y también la forzaron a darles posada y comida durante varios días.

Pasado un tiempo volvieron los que decían ser de la guerrilla, la acusaron de haber ayudado a los paramilitares y en castigo se llevaron a una de sus hijas. Semanas después regresaron los que decían ser paramilitares, la acusaron de haber ayudado a los guerrilleros y en castigo se llevaron a su único hijo varón.

Un año después de este último episodio, en su finca montaron un campamento hombres armados que dijeron ser soldados del ejército que iban tras los guerrilleros y tras los paramilitares. No la obligaron a darles comida pues llevaban sus propios alimentos. Pero uno de ellos violó a la hija que aún vivía con ella.

Cuando en el gobierno de Uribe hubo la negociación con los paramilitares, doña Carmen anduvo de la ceca a la meca buscando a su hijo, pero nadie le dio razón de él. Cuando en el gobierno de Santos hubo la negociación con las FARC, doña Carmen volvió a andar de la ceca a la meca buscando a su hija, pero nadie le dio razón de ella.

Antes que hallar a sus hijos, doña Carmen ha sido requerida dos veces por la justicia. Una por ser auxiliadora de la guerrilla y otra por ser auxiliadora de los paramilitares. Por fortuna todavía no la han mandado a la cárcel.

Este año, hallándose en el pueblo, alguien le dijo a doña Carmen que se presentara ante las autoridades como víctima del conflicto y reclamara alguna indemnización por la pérdida de sus dos hijos. Que para eso existía un “fondo de reparación”.

Ella lo hizo pero no le sirvió de nada. En la alcaldía del pueblo le pidieron pruebas de lo que habían hecho en su finca los guerrilleros, los paramilitares y los soldados y que además llevara las actas de defunción de sus dos hijos. Obviamente ella no tiene ni las pruebas ni las actas.

Si hubiese sido “fariana” o “paraca”, seguramente a doña Carmen le habría ido mejor. Con una declaración bajo juramento le habría bastado y hasta tendría casa, carro y beca.  Pero no. Ella “apenas” fue víctima.

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