¿QUIENES NO CREEN EN DIOS SE ENFERMAN DE CÁNCER, Y QUIENES SÍ CREEN, NO?

MELBA ESCOBAR

Por: Melba Escobar

En su texto “Cosas que pasan”, el ministro de Salud Alejandro Gaviria cuenta que ha sido diagnosticado con cáncer. En él cita a Christopher Hitchens, quien en su legendario Mortalidad afronta la noticia de su propio diagnóstico siendo un hombre irreligioso. De igual manera, el ministro se ha declarado ateo. Y por dicha afirmación ha sido insultado numerosas veces, quizá más ahora, tras revelar su enfermedad.

Entre los comentarios suscitados por la noticia, los de aliento son mayoría. Sin embargo, llaman especialmente mi atención los de creyentes profiriendo toda suerte de aseveraciones fatalistas y amenazas donde Dios aparece como el todo poderoso castigador de quienes no creen en él: “Triste el vacío en su corazón, esa enfermedad solo la cura Dios”, “Cuántas cosas tienen que pasar para reconocer que Dios existe”. ¿Es decir que quienes no creen en Dios se enferman de cáncer, y quienes sí creen, no? Aunque no conozco una estadística al respecto, dudo de la veracidad de esta consigna.

Si fuera un tema de “justicia divina” tendrían que morir siempre los criminales y salvarse los justos. Tristemente, la salvación no es una regla de tres y, aunque a veces pareciera que algunas personas tienen hacia la fe religiosa una relación oportunista, esta suerte de transacción donde “yo te elogio y tú me ayudas” no ofrece garantías.

¿No resulta contradictorio suplicar socorro a un Dios que, en principio, fue el mismo que nos puso en la situación maligna de la que pedimos escapar? Aunque crecí como católica, he aprendido a alejarme de la Iglesia y acercarme a las escrituras en busca de respuestas. La relación oportunista con un Dios omnipotente es una de las razones que me ha alejado de la fe. Día a día priman las rentables supersticiones sobre un Dios que aparece como una suerte de contable llevando sumas y restas de avemarías y padre nuestros para decidir la suerte de cada quien.

Como ministro, Alejandro Gaviria se enfrentó al glifosato en aspersión aérea a favor de la salud de miles de colombianos. Así mismo ganó una dura batalla contra los elevados costos de los medicamentos por parte de farmacéuticas multinacionales. Y como si fuera poco, se enfrentó con Alejandro Ordóñez en una discusión valiente y necesaria sobre la fe católica y las decisiones de los servidores públicos. Esto sin contar que ha mantenido a flote un sistema de salud que ya bien podría haberse desfondado hace rato. Mantener la cartera de Salud bien podría elevarse al estatus de milagro.

Sin embargo, algunos solo tienen la idea de referirse a su ateísmo. “Por ateo, su vida queda solo en manos de las EPS”, escribe alguien, de nuevo reafirmando la idea de la religión como seguro de vida. Pero no debería sorprenderme que incluso la espiritualidad reciba un trato cambiario. Quizá lo más triste es leer el odio y el rencor de quienes se proclaman creyentes del mismo Dios que desde niña me enseñaron era compasivo, solidario y abierto al perdón de toda ofensa.

Toda mi solidaridad y respeto hacia Alejandro Gaviria. Ojalá tuviéramos más funcionarios de su talante, honestidad, rigor y capacidad intelectual, con o sin Dios mediante.

@melbaes

(El Espectador)

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