RELATOS DE FRONTERA –Capítulo Primero- (POR LA ACTRIZ PORNO CUCUTEÑA AMARANTA HANK)

Alejandra Omaña nació en Cúcuta hace 24 años. Como varios en este medio, la echaron de colegios, universidad y hasta de la ciudad. A los 18 años comenzó a escribir para la Revista Soho. Fue directora de la Fiesta del Libro de Cúcuta durante 3 años, editora y comunicadora de varias editoriales y periodista para varios medios. Escribió el libro Relatos de Frontera y ahora es actriz porno bajo el nombre de Amaranta Hank. Este es el primero de sus relatos con sucesos ocurridos en Cúcuta. Hechos reales vividos por ella y narrados en lenguaje sencillo.

ALEJANDRA OMAÑA

RELATOS DE FRONTERA – Capítulo 1 –

Escrito por Alejandra Omaña (Amaranta Hank)

Paola responde al ambiente que le tocó, porque en Cúcuta a cualquiera le puede tocar ser puta, como en la costa a cualquiera le puede tocar ser escritor. A los costeños les va bien la prosa y a los paisas el verso. A las mujeres en Cúcuta les sale fácil ser putas. Yo lo fui si se trata de tener sexo con un hombre por dinero, pero luego me encariñé del tipo y no fue solo la plata sino los residuos del complejo de Electra que aún buscaba en cada relación.

Ese hombre era Fredy. Tenía 38 años cuando yo tenía 16. Y yo era su novia frente a todo el mundo, Alejandra era su esposa, una mujer que lo acompañó desde los 14 años, cuando Fredy no tenía nada de dinero. Y también lo acompañó a sus 20 cuando no tenía dinero y a sus 30 cuando con contrabando le alcanzó para comprar una casa y a los 32 cuando tuvo camionetas, empleados, armas y costales de dinero. Y estuvo con él a sus 36, cuando tenía miles de millones y a mí, y a ese bebé que se murió en el vientre de ella cuando él la dejó por mí.

Había comprado un apartamento para ambos. Y los hombres con los que se metía Paola eran parecidos a Fredy. Uno era un esmeraldero que quedó en la historia del país. Fredy También, vinculado a los crímenes del Mono Abello. Normal. Normal para las bonitas.

AMARANTA HANK (ALEJANDRA OMAÑA)

Llegamos a su apartamento, ostentoso en un barrio peligroso. Un sofá plateado brillante sostenía un espejo gigante aún no fijo a la pared. Su habitación tenía un gran televisor, un aire acondicionado y una cama con sábanas fucsia. Paola fumaba un porro. Yo bebía. Bebía demasiado y observaba su culo moverse por toda la casa buscando cervezas, un cenicero, un encendedor y esa pijama chiquitica de satín blanco.

Respiré en su oído y la oí gemir. Pasé mi lengua por su cuello y la sentí retorcerse. Toqué sus pechos y me dijo que estaba húmeda. Quizás Paola creía que tenía encima a un viejo de babas espesas. La toqué tan suave que ella misma sabía que sus gemidos rompían el ritmo de nuestro encuentro. La olí, la respiré. Besé sus firmes pechos. Sus pezones me contaban los nombres de las asquerosas bocas que los ultrajaron. Paola tomó mis pechos, no tan firmes y los acarició. Los puso sobre los suyos y me permitió besarla. Le insistía en que abriera los ojos. Necesitaba que me viera y sintiera la suavidad de mi piel.

No era un hombre de los que temía. Yo la entendía. No puedes atacar una reacción a la costumbre. Un hombre criado por lobos no puede caminar sobre dos extremidades. Pero estaba demasiado trabada para saber quién se la cogía.

@AmarantaHank

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