RODOLFO HERNÁNDEZ : NADA DE NADA

HÉCTOR GÓMEZ KABARIQ

Por Héctor Gómez Kabariq

A pesar de que el monstruo de la corrupción se ha apoderado de casi todas las esferas gubernamentales en Colombia, a la hora de elegir servidores públicos el ciudadano no tiene en cuenta este factor.

Está probado en estudios y análisis sobre el comportamiento electoral, que el colombiano vota atraído por las promesas de obras, por la posibilidad de obtener un empleo, por el carisma del candidato, por su filiación política y por el dinero que le den a la hora de sufragar. Poco o nada le importa que el candidato prometa no robar.

Fue lo que ocurrió en Bucaramanga en el 2015 con la elección del alcalde de la ciudad. A Rodolfo Hernández lo eligieron alcalde porque prometió 20 mil viviendas, (y lo hizo por escrito en cartas numeradas), porque prometió solucionar la emergencia sanitaria del basurero del Carrasco, porque prometió arreglar el caos de Metrolínea, porque prometió solucionar el desorden vehicular, porque prometió empleos por concurso y no por politiquería, y porque prometió tapar los miles de huecos de las calles, entre otras ofertas.

La gente no votó contra la corrupción a pesar de que el gobierno del entonces alcalde Lucho Bohórquez era uno de los más corruptos en la historia de la ciudad, tal como lo han venido comprobando los entes de control y vigilancia.

Pero casi dos años después de su posesión, Hernández ha defraudado a los electores.     Es cierto que no ha robado, o al menos no se conoce que lo esté haciendo. En un país de funcionarios corruptos eso se le abona. Pero no ha cumplido sus promesas a pesar de que anunciaba que todas ellas las empezaría a ejecutar en Enero del 2016, tal como lo proclamaba en sus discursos y en las frecuentes entrevistas que le hacía su amigo “Julito” en la Doble W.

Llegando al 50 por ciento de su tiempo de alcalde, Hernández ni siquiera ha empezado a construir las viviendas ni sabe en dónde lo hará; ante su incapacidad para solucionar la crisis de las basuras, siguió el mal ejemplo de sus antecesores apelando a prorrogar la emergencia sanitaria; Metrolínea anda quebrado, no tiene cómo pagar sus deudas y cada día el servicio es peor; los trancones vehiculares hoy son más desesperantes que antes; sigue escogiendo a sus subalternos por asuntos personales y no por concurso de méritos, (acaba de nombrar a un abogado exdetective como director de Tránsito, por ejemplo); y los huecos del pavimento hoy están convertidos en cráteres. La única promesa que ha cumplido es la de ”hacerse el pingo” frente a la piratería en el transporte de pasajeros.

Para no defraudar a los electores y para mostrar que se está haciendo un buen gobierno, no basta con no robar.  Esa es una obligación moral. Hay que cumplir lo que se promete. Hay que trabajar.

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