SE ACABAN LAS CULONAS DE SANTANDER

EXÓTICO ALIMENTO CAMINO A LA EXTINCIÓN

EXÓTICO ALIMENTO CAMINO A LA EXTINCIÓN

Las hormigas culonas de Santander, cuya explotación con fines alimenticios data de la época de los indios Guanes, se están acabando.

Su peor enemigo es el hombre. Los agricultores de este departamento, desesperados por los estragos de este bicho, han optado por fumigar todo hormiguero que vaya apareciendo hasta el punto de que hoy en los mercados la oferta de culonas se ha reducido en un 60 por ciento.

La culona y las demás hormigas que hacen parte de su corte entre ellas las arrieras, los padrones y las llamadas cocorotas, arrasan en un santiamén cultivos de tabaco, de maíz y frutales, lo que ha llevado a los campesinos a perseguirlas sin ningún asomo de piedad.

Pero además, los cambios climáticos originados en la contaminación, el calentamiento global, la tala de bosques y los prolongados veranos, también están acabando con las culonas.

Hoy, una libra de culonas en Santander se vende mínimo a 80 mil pesos, cifra que representa el doble del valor que tenían hace apenas un par de años.

"... SE COTIZAN POR LO DEMÁS Y NO POR LA CABEZA..."

“… SE COTIZAN POR LO DEMÁS Y NO POR LA CABEZA…”

En un tiempo no muy lejano habrá desaparecido este exótico manjar santandereano usado como pasante del aguardiente, como caviar criollo, para calmar el hambre, para reducir los niveles de colesterol y hasta como afrodisíaco.

A este ritmo, de las culonas solo nos quedará un simpático poema popular aparecido hace ya varias décadas en honor a este símbolo de la región:

Había una venta de culonas

aquí en Bucaramanga y cierto día,

una famosa y célebre matrona

llegó donde este bicho se vendía.

“¿A cómo las culonas caballero?”

preguntó con su voz dominadora,

y presuroso contestó el ventero:

“A quince pesos libra mi señora”.

“¡A quince pesos libra! Intolerante,

¡A quince pesos libra! Qué descaro,

qué animalito para estar más caro,

no me parece un precio razonable”.

La dama pensando en la rebaja

le propuso al ventero con presteza:

“Oiga señor ¿En cuánto me las deja

quitándole a los bichos la cabeza?”.

El hombre se irritó profundamente

al oír tan exótica propuesta

y a la dama exigente y arrogante

dióle esta filosófica respuesta:

“La hormiguita de aquí de Santander,

y perdone usted señora mi franqueza,

se cotiza al igual que la mujer,

por lo demás y no por la cabeza”.

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