SOMOS TÍTERES DE LOS MANIPULADORES DE LAS ENCUESTAS PRESIDENCIALES

Encuestadores del demonio, que empuñan el arma perfecta de manipulación de las masas

PAOLA OCHOA

Por Paola Ochoa

Dime qué quieres decir y te diré qué tipo de encuesta debes contratar. Así volvió a quedar clarito esta semana, cuando se conocieron las últimas dos encuestas sobre intención de voto de los colombianos para las presidenciales del próximo año. Las firmas Cifras y Conceptos e Invamer Gallup sacaron una vez más sus resultados debajo de la manga, para decirnos quiénes, supuestamente, van punteando y empezar a moldearnos el cerebro de los colombianos desde bien temprano.

Porque faltando todavía un año para las presidenciales de mayo, esas encuestas solo sirven con dos fines mercenarios: echar carreta en los medios y sesgar nuestra opinión respecto a quienes tienen más posibilidades de quedarse con el puesto de jefe de Estado. Se trata del mismo género periodístico que se repite cada cuatro años: el de la manipulación del electorado a través de la contratación de encuestas para ir alineando a los financiadores dueños de la política con los votantes colombianos. Despacito nos van lavando la cabeza y ni cuenta nos damos.

Y la razón es elemental, mi querido Watson: nadie quiere seguir metiéndole plata a un candidato sin estar seguro de que tiene al menos un buen chance de llegar a la segunda vuelta. Y entre esos que financian a los candidatos están los dueños de los medios de comunicación, que tienen el poder de contratar encuestas que se ajusten a su chequera. Porque las encuestas se manipulan desde antes de hacerlas, dependiendo de lo que les convenga.

El primer paso es seleccionar bien la gente: edad, estrato, género, estudio, oficio, zona urbana o rural. No es lo mismo una muestra con más mujeres que hombres, con más viejos que jóvenes, con más gente en el centro que en la periferia. Si uno quiere, por ejemplo, que aparezca ganando Vargas Lleras, entonces entrevista a más gente en la Costa y en las ciudades donde regaló casas gratis a diestra y siniestra.

El segundo paso es escoger el método: personal o telefónico. Y si se elige este último, ¿al fijo o al celular?, ¿de la base de datos de Tigo o de Movistar?, ¿del directorio telefónico de la ciudad o de la lista de teléfonos de algún partido político en particular? Si uno quisiera, por ejemplo, hacerle daño a Gustavo Petro en una encuesta, solo necesita excluir los teléfonos con planes prepago dentro de la muestra.

El tercer paso es escoger milimétricamente las preguntas y el orden en el que se van a realizar. Una cosa es preguntar primero por quién va a votar, y otra muy diferente es dejarlo para la parte final. No es lo mismo preguntar primero por la situación del país, el clima de corrupción, los altos niveles del costo de vida, el aumento del desempleo o hasta por el repulsivo Nicolás Maduro y la situación de Venezuela.

Ahí ya pusieron a la gente furiosa y de mal genio para que responda con rabia la pregunta del millón, que la dejaron para el final: ¿por quién va a votar para la presidencia de Colombia? Si uno quisiera, por ejemplo, que le vaya mejor a candidatos antiestablecimiento, como Claudia López o Sergio Fajardo, entonces tiene que hacer previamente las preguntas sobre corrupción y politiquería de la clase política tradicional.

Somos títeres de unas encuestas que nos manipulan a su conveniencia y de los titiriteros del poder que pagan por mandarlas a hacer.

——–